11 septiembre, 2007

Bautismos

No sabemos despedirnos de las sombras que queremos, siempre te quedas con el frío de alguna palabra que no dijiste, que no te dio tiempo a decir. Como Jaime y todos andaban fríos a través de la luz blanca de una iglesia en domingo. Bautizamos a un ángel rubio, y un tipo decía parsimonioso que entraba ya en el reino de profetas, sacerdotes y reyes. Yo no sé si estos tiempos están para que al doblar las oscuras esquinas de la vida te salve algún profeta. Se que el pequeño Juanito ya tiene un ángel de la guarda. Y que ya le ha coronado por lo menos príncipe de la fuente dorada y duque para siempre de Padova, por ejemplo. Y que le empujará por el tobogán caliente y fetén de la vida y le enjuagará algún trago chungo de la vida con la mejor ginebra. Seguro, de purísima y oro.

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