09 noviembre, 2011

Ipse dixit

En el mismo mes que se va Chenel, Cris Moltisanti muere en la pantalla bebiendo una sangre por encima de la real. Es una pérdida. Christofer vivía por sus venas pero también intentaba avanzar por encima de la superficie del alcohol y las balas y la violencia y los tiros en mitad de la frente. Buscaba esa salida del olor de la rosa (Tony, ipse dixit). Cambiaba. Retrocedía. Nosotros también hemos cambiado en la época del antes y después del sopranismo desde que todo Tony se plantó en una tele de veintiuna pulgadas. Avanzamos también hacia el olor de la rosa, vaciando de balas nuestras manos, avanzando desde Camarón que no llegó a ver la muerte de Moltisanti, hasta H. que sigue la silueta de Tony con nosotros; desde las primeras playas de Oyambre, hasta el malecón de La Habana y su hermosura y mis habanos y la lluvia de los Cayos; desde la primera muleta que tuve hasta esta muleta de ahora, en cuyo vuelo y fleco, vive una noche de amigos al lado del mar tan de purísima y oro, un macho de oro y otro de plata, una torre medieval guardando todo aquello y un toricantano en su azotea toreando a los ojos del mar. Toda aquella noche y sus días de antes y después son un viento; y su recuerdo que los lleva como una lluvia, historia para vivir y avanzar. El efímero olor de la rosa.


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