17 marzo, 2007

Media Verónica y cuarto de José Tomás


Hasta Junio queda un mundo de soles y lunas llenas, soles como el de ayer. Un círculo perfecto de luz suspendido en la montera de un cerro, un atardecer lento que se apareció entre el camino de Wamba y dos libros de Exequátur. Verónica y cuarto de Curro Romero, canta Sabina. Hasta junio queda un mundo de medias verónicas, de mentiras que parezcan mentiras y verdades que no tengan complejos, una semana de farolillos sin Tomás y treinta tardes de un San Isidro descolocado. Esta media verónica de rosa y oro, en el albero de Sevilla, recta la figura, los pies de plomo, el mentón rasgado por el oro de la chaquetilla, una mano –la derecha- sostiene la seda del capote, el equilibrio del lance y la gravedad de La Maestranza sostenida por cuatro dedos. La otra mano -la izquierda- es un toque de guitarra, la mano que hace del capote un bumerang lento que hila la embestida del toro hasta la línea infinita de la cadera. Mientras, el pitón izquierdo hace un verso en la bamba del capote.

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