21 junio, 2010

Estaciones

Esplá regresa para que continúe la saga. En la embajada francesa Esplá parecía ya un pintor en los jardines de Francia en Madrid. Pensando veo su poso de plomo en la memoria, las faenas ochenteras, la lidia intectualizada, como un modernismo antiguo. Cuando le conocí en persona me pareció una torería andante. Otra torería andante es Jaime, que se va en volandas del Ave a buscar las glorias en Flandes. Lejos de Las Ventas Jaime volverá a seguir también la saga y le llevará de regreso los olores de Morante y nuestras cosas. Carmen era una princesa dandy y vallisoletana en la estación y sus lágrimas una forma de besar. Camarón miraba a los viajeros y a sus maletas y no acaba de comprender el ajetreo del hombre moderno y su interés por al velocidad.

En mitad del sol otoñal y en el aniversario de Vicente Ferrer, recordamos a Julián Campo, que con la misma pasión que siguió a Chenel en los ochenta, siguió a Ferrer hasta la India y se dejó una gran barba de hombre buenísimo. Recuerdo a Julián en las playas de Marbella, buscando el envés del invierno de Burgos, y los mitos de los viajes y las tardes de Antonio Chenel Antoñete. Los aromas de Chenel hasta Bombay para ver atardecer en un tren camino de Burgos. Pensar en Julián es creer en la bonhomía, en el hombre bueno y estas teorías de la bondad que ensayamos tan torpemente, como una búsqueda empírica. Como una esperanza. De todas las acepciones de estación, es la séptima la que prefiero: Paraje en el que se hace un alto en el viaje. Sirva esta estación bloguera y nostálgica para pararme en la curva de este lunes y recordar a Julian Campo y su ejemplo. Y sirva también como abrazo flamenco para Jaime en su exilio nuclear y europeo. Con un fuerte aroma de Chenel.

fotografía fuente el mundo


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