19 febrero, 2006

ElOtroFútbol

Raúl vuelve a la liga. Salta del banquillo en el segundo tiempo. Raúl mira al cielo, como si la vida se fuera a acabar en el siguiente fuera de juego, confunde la raya de la banda con la segunda raya de cal del tercio, el césped con el albero. Raúl te reconcilia con el fútbol, suda en blanco y es un rico honrado. Adoro el fútbol o más bien El otro Fútbol: como el título del espléndido libro de Miguel Delibes. Disfruté del fútbol hasta los veinte años. Acabé vistiendo un ratillo la camiseta del equipo de mi ciudad, que es lo más a lo que pude aspirar. El fútbol me enseñó a creer más en mí. Me enseñó disciplina, me introdujo el valor del deporte para siempre y el valor que adquiere el gol compartido. Siempre llevé conmigo el peso de un cuerpecillo insuficiente al lado de las bestias musculosas que se pesaban cada entreno en el vestuario del José Zorrilla: "¿César?, 79 míster, ¿de la Cal?, 80 míster, ¿Hoyos?, 74 míster, ¿Reque?, 56 por España". Tengo muchos recuerdos: las tardes noches de entrenamientos bajo una luna siberiana, los cordones de las botas helados, mojados, embarrados, embadurnados de polvo. Los madrugones. La primera vez que vi mi ropa doblada por Flanagan –el utillero-, colocada en el banco antes de que yo llegara, con las botas engrasadas y limpias. La primera vez que pisé un campo de césped y la primera vez que oí que podría ir reclutado a un torneo juvenil donde participaba el Barcelona. De todo podría prescindir menos de una imagen: un hombre grande envuelto en un abrigo, dentro de un Peugeot 505, empañando mis zancadas con caladas nerviosas de Winston americano.

Estadisticas blog